Comenzamos con irnos al sector más cercano del pueto el cual era Las Torpederas, unas de los balnearios más conocidos de la V Región, con lo que nos encontramos con una historia interesante:
LA PIEDRA FELIZ
Antiguamente, al costado izquierdo del Balneario “Las Torpederas”, existía un elevado risco formado por negras rocas. Dicho peñón atrajo desde siempre la atención de los suicidas que llegaban hasta él para poner fin a sus días.
Un misterioso encantamiento poseía este abrupto peñón situado al pie del “Cerro Playa Ancha”, en la ladera norte donde se ubica el Cementerio Nº 3. la roca gigantesca atraía a los desheredados del amor, a los desdichados por problemas financieros y a los enfermos incurables.
El pueblo bautizó a ese fatídico atalaya con el extraño nombre de “Piedra Feliz” que muy por el contrario era la piedra de los infelices.
Abajo, allá donde el mar se arremolina, allá donde empuña sus mil brazos, grandes remazones de huiros y cochayuyos, como los tentáculos de un animal fabuloso, esperan a los torturados. Es el coro de los fantasmas de los cientos de desaparecidos entre esa maleza marina.
Allí está el peñón de oscuro sino, la “ Piedra Feliz” llamando a los suicidas, como una atalaya de salvación para martirizados, para los conturbados espíritus.
Desde arriba, una mirada a la vida y luego el salto hasta las turbulentas aguas, hacia el mundo de los suicidas, donde las aguas marinas agitan sus múltiples brazos en un eterno bullir.
Nadie escapaba con vida una vez tomada la decisión final. Tanta fue la popularidad de la “Piedra Feliz”, ubicada en el popular Balneario “ Las Torpederas”, que un Alcalde ordenó dinamitarla cercenado su cabeza. El decreto alcaldicio restó belleza y patetismo al trágico peñón que, a pesar de todo, aún atrae a los suicidas con una fría pétrea al costado izquierdo de la playa.
Luego de haber visitado este sitio nos dirigimos hacia la Plaza Echaurren, a pasos de ella se encontraba la iglesia La Matriz, con lo cual quisimos investigar más sobre anécdotas, es por eso que hablamos con el Padre Bravo y nos contó varias historias relacionadas con ella.
Una de ellas es:
EL CRISTO DE LA MATRIZ
En 1630, el rey Felipe II de España, donó a la Catedral de Santiago un hermoso Cristo Crucificado y Moribundo” tallado en madera por un reputado escultor japonés. La singular obra fue donada a manera de desagravio por la profanación de que fuera objeto la entonces Capilla La Matriz, ubicada al pie del Cerro Santo Domingo, por el pirata inglés Sir Francis Drake.
El célebre pirata, en vista de la pobreza del botín obtenido en el puerto, apenas 60.000 duros, decidió apoderarse de las vinajeras, un crucifijo y el cáliz de oro, zarpando luego en su carabela de cien toneladas “El Pelícano”. El Rey Felipe II no precisando el lugar exacto de la profanación, donó el crucifijo a la Catedral de Santiago.
La inmensa escultura, arribó a Valparaíso embalada en un gran cajón que permaneció por largo tiempo en el Puerto. Cuando se le quiso trasladar a Santiago, su lugar de destino, la yunta de bueyes que arrastraba la carreta con el descomunal cajón, se detuvo frente a la Capilla de La Matriz y no pudo continuar viaje. El camino que había seguido comenzaba en la Quebrada de Márquez y debería seguir hacia el Cerro Carretas, en dirección a la Capital, pero todos los intentos por zafar la carreta fueron inútiles.
El embalaje pesaba tanto que, lentamente las ruedas del vehículo fueron hundiéndose cada vez más en el barro. Era invierno y la lluvia arreciaba reblandeciendo los caminos... Se decidió agregar nuevas yuntas de bueyes hasta llegar al número de ocho, pero todo fue inútil, la carreta permaneció empantanada justo frente a al capillita de techo pajizo.
Se acordó entonces, bajar el cajón y dejarlo en la Capilla. Apenas éste fue descargando, la carreta zafó. Los cargadores volvieron a colocar el cajón en la carreta, pero cuando estuvo encima nuevamente las ruedas volvieron a empantanarse.
Algunos pobladores, que observaban la extraña operación, propusieron abrir el embalaje y cerciorarse acerca de su contenido. Cuando el cajón comenzó a abrirse, cesó la lluvia torrencial y el viento huracanado que había impedido el traslado, apareciendo la sagrada imagen del “Cristo crucificado y moribundo”.
Muchos feligreses pensaron que el suceso no era otra cosa que un verdadero milagro y se estimó que la imagen debía quedar para siempre en la Capilla porque ese era el deseo expreso de Dios. Desde entonces la bella escultura del CRISTO DE LA AGONIA quedó en Valparaíso.
La imagen es una pieza bellísima y tiene la especial característica de presentar su barbilla reclinada muy cerca del pecho, los ojos apagados por la muerte, las llagas abiertas y la sangre recientemente coagulada.
Desde aquel tiempo la sagrada imagen es venerada y es mucha la gente que asegura que, año a año, el Cristo inclina la cabeza más y más. La tradición asegura que, un día, el crucificado inclinará tanto la cerviz que terminará por quebrársele, ese día se acabará el mundo.
LAS LUCES VIAJERAS DEL ALTAR DE LA MATRIZ
La Iglesia La Matriz de Valparaíso, cuna de leyendas porteñas, contó entre sus muchos párrocos a don GUILLERMO RUIZ SANTANDER, santo varón que entre sus muchas labores, se dedicó a quitar el polvo a santos, altares, pinturas y habitaciones.
Desde aquel tiempo recomenzó a hablarse de las bondades de las pinturas que adornaban los muros de la Parroquia, de la valiosa talla del “Cristo Crucificado” y de los personajes y sacerdotes sepultados en los muros y en las bóvedas existentes bajo el altar mayor.
En su afán de limpieza, el párroco, los removió todo, hasta las antiquísimas calaveras deseminadas por todos los lados en el subsuelo, las que fueron exhumadas y reducidas a un espacio menor.
La limpieza general, las reducciones y los numerosos arreglos e innovaciones practicadas en la Iglesia y la Casa Parroquial fueron el motivo de extraños acontecimientos acaecidos durante el ejercicio como párroco de este sacerdote reformado.
Algunas personas, muy pocas, elegidas entre sus mejores amigos y feligreses comenzaron a producirse en todos los recintos de le Iglesia y la Casa Parroquial que el padre Ruiz frecuentaba o habitaba.
Justo a la medianoche, mientras el sacerdote se hallaba en su lecho, podía escuchar pasos de individuos que, sin prisa, paseaban por las habitaciones, cerrando y abriendo puertas y ventanas provocando gran estruendo. Cuando se trasladaba de una habitación a otra, adivinaba junto a él la presencia de seres invisibles que pasaban a su lado rozándolo o recibía su hálito, la gélida brisa que producía su presuroso pasar...
Decididamente: penaban abiertamente y esto podían constatarlo hasta terceros. Mientras el párroco oficiaba misa dominical , algunos feligreses podían percatarse, atónitos, como recorrían el altar, lentamente, por su largo, ancho y alto, pequeñas lucecitas que nadie podía explicar. A veces, las lucecitas viajeras, provocaban el súbito apagón de un cirio o de todos los cirios de un candelabro sin que pudiera descubrirse el motivo.
El párroco comentaba el extraño suceso de las “luces viajeras” sólo cuando le comentaban o inquirían sobre ellas...¿Qué sucedía realmente? ¿ Cuál era la procedencia de esas luces? ¿ Por qué recorrían el altar sólo cuando el párroco oficiaba la misa dominical?
Nadie lo quería decir, pero todos pensaban que eran mensajes de ultratumba. Solamente ante sus más cercanos amigos, el padre Ruiz, manifestaba: “ las luces viajeras son un aviso indiscutible de mi próximos deceso. Y en efecto, al poco tiempo de la desaparición de las “luces viajeras de la Iglesia La Matriz” el párroco don Guillermo Ruiz Santander, el innovador, fallecía.
LA VIRGEN QUE LLORO SEIS DIAS
En Valparaíso, sobre uno de los muros de adobe tendido de la Iglesia Matriz de Jesucristo “El Salvador” o “Iglesia La Matriz del Salvador” como se le conoce, colgaba una pequeña tela con marco de plata que representaba el sagrado rostro de la “Virgen de la Aurora”. Según cuenta la tradición, la bellísima pintura de la Madre de Jesús, lloró durante seis días con motivo del terremoto que azotó al Puerto en 1822. Gracias a la leyenda, se ha preservado su historia.
Cuentan que durante los días comprendidos entre el 19 y 25 de Noviembre de 1822, la imagen de la VIRGEN DE LA AURORA fue motivo de un extraño acontecimiento. Una tarde, una devota de la Virgen acudió hasta el pequeño retrato para rogarle por el término de tanto sismo y tanta desgracia, al elevar su mirada al rostro de “María” observó que por sus mejillas comenzaban a rodar dos puras y reales lágrimas. Desde ese momento comenzó el llanto de la imagen.
Muchas fueron las lágrimas que presenciaron los feligreses de la Iglesia causando su asombro y el de los sacerdotes que acudieron a constatar el hecho.
Comenzaron a formularse numerosas interpretaciones en la turbada mente del pueblo. Los más devotos vieron en las lágrimas de la Virgen, un llamado a la penitencia y a la oración o una clara expresión de dolor por parte del cielo ante los desgraciados movimientos telúricos.
Los porteños abundaron en ofrendas en devoción a la Virgen. A tales excesos llegó el cariño que le manifestaba la población que el pequeño marco de plata con la pintura debió ser trasladado a la oficina del señor cura para su mayor protección.
Hoy en día, la imagen de la Madre de “El Salvador”: la VIRGEN DE LA AURORA, se guarda en la oficina del Cura Párroco, casi olvidada, a más de 150 años del extraño acontecimiento que la hiciera llorar durante seis días y que la trajera al primer plano de la noticia.
LA PIEDRA AZUL
Subiendo por le Cerro “ Las Zorras”, hoy Cerro O´Higgins y casi a medio camino, existe una quebrada formada por el escurrimiento de las aguas de las lluvias durante largos años.
Los pobladores, que habitaban la cumbre del cerro, acostumbraban tomar la “Quebrada” como un atajo que les permitiera acortar camino y llegar más rápidamente a sus hogares o a sus trabajos.
Todo ese lugar pertenecía a un vecino que se caracterizaba por ser avaro, pendenciero y antisocial. Tanto molestaba a los habitantes del cerro que optaron por circular calladamente para no despertar las iras del malhumorado propietario.
Cuentan los vecinos que un día , un famoso hierbatero, de los muchos que habitaban los cerros porteños en aquellos tiempos, con mucho de médico y de brujo, fue llamado para medicinar a un enfermo y debió pasar con su guía por la célebre quebrada. A poco caminar, apareció el avaro y los increpó duramente, amenazándolos con una enorme piedra.
El Curandero, hombre muy paciente, la respondió. “Tan como esa piedra azul terminarás tus días”, y siguió su camino.
Pasó el tiempo y, el avaro, comenzó a sentir que el cuerpo le pesaba cada vez más y sus brazos y piernas ya no le obedecían . Los lugareños o veían pasar. Asombrados, recordando la maldición del Curandero.
Una tarde, a la entrada misma de la “ Quebrada”, los encontraron desmayado, curvado como un jorobadito, a punto de expirar.
Algunas almas caritativas trataron de levantarlo, pero tan pesado estaba que todos sus esfuerzos fueron inútiles. Vestía de azul y pesaba tanto como una verdadera roca. Así se cumplía la predicción del Curandero.
Al anochecer , al avaro, expiró y milagrosamente se alivianó su cuerpo, sólo entonces se le pudo transportar y brindar cristiana sepultura.
Los pobladores, que continuaron pasando por la “Quebrada”, descubrieron un día que, en el mismo lugar donde falleciera el avaro, afloraba una piedra con manifiestos matices azules.
Día a día , y sin que nadie participara en ello, la piedra surgía un poco más. Tanto asomó a la superficie, que los vecinos creyeron ver en la piedra el cuerpo inanimado del avaro.
Desde entonces se bautizó al atajo con el nombre de “Quebrada de la Piedra Azul” que aún sustenta.
Iglesia Doce Apóstoles.
Iglesia de estilo gótico ubicada en la calle Independencia en la Provincia de Valparaíso, V Región.
Un general Argentino.
Un relato tradicional refiere que un general argentino había sido enterrado allí con su informe de parada y todas sus medallas bajo no se sabe qué circunstancias.
Conocido este acto el templo habría sido asaltado y profanadas sus tumbas en busca de las mentadas condecoraciones. Del sacrílego despojo sólo quedó el cadáver y sus botas militares. Estas fueron halladas en estado de alto deterioro por el Pbro. Calderón, lo que parece ser un real testimonio de la historia.
El Santo Cristo Atado en la Columna.
Una imagen plena de amor y dolor, tallada en madera policromada, se identifica con los centenares de fieles devotos que acuden ante su presencia para participarle sus propios sufrimientos y acogerse a su Esperanza.
El origen de su existencia se pierde en el pasado.
Esta imagen de Cristo torturado perteneció a los Padres Agustinos quienes presumiblemente la trajeron de España.
Cuando éstos dejaron por diversos hogares particulares, llegando a ser vendida en subasta pública. Habría sido rematada, entonces por un vencido del Cerro Merced de apellido Lavarello, quien la mantuvo en su hogar por mucho tiempo hasta que, por fin, en 1879 quedó al cuidado del Padre Luís Zelada de la Capilla Sagrado Corazón del Cerro Merced.
La imagen mide un metro y medio de alto y representa los dramáticos momentos en que Jesús es azotado por orden del procurador Poncio Pilatos en la mañana del Viernes, como acto prelimitar a su crucifixión.
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